domingo, 23 de abril de 2017

Regreso a Palencia

Descanso y caza es lo que buscábamos mi amigo Pedro y yo en estos escasos días en Palencia, después de tantas vicisitudes acontecidas en estos últimos meses, tanto familiares como laborales, y siempre echando de menos la otra pata de la mesa cuya compañía añoramos.

La experiencia anterior fue tan gratificante que habíamos planificado con bastante antelación el regreso a estas tierras que tantas alegrías nos han dado en estos últimos años. Viajar tanto a Burgos como a Palencia, como al norte en general, es una cita obligada todas las primaveras, y no sólo con la excusa de la caza, sino por tanta oferta de descanso, de cultura, culinaria...

Parada obligada ha sido este año en Olmedo, para degustar el lechazo tan exquisito del terreno...no me he resistido a subir una foto del ágape.




Después de 10 largas horas de camino llegamos a nuestro destino, Villorquite del Páramo, donde nuestro ya amigo Ángel nos había reservado la misma casa rural que nos alojó el pasado Julio y dónde tan cómodos nos encontramos.



 A la mañana siguiente comenzamos a explorar las zonas tan querenciosas que vimos en nuestra última visita. Me sorprendió ver un terreno tan seco y con tan escasas siembras de cereal, en contraposición al pasado año. Ha llovido poco y el campo lo nota; el verdor no era tan intenso y el polvo lo ocupaba todo...

Sin embargo desde el primer momento si que observamos mayor densidad de corzos, menos hembras que en la primavera pasada y más machos, aunque jóvenes y con trofeos incipientes, poco atractivos a pesar de tener la cuerna completa.

Las perspectivas eran halagüeñas y teníamos la certeza de poder cazar un buen trofeo.


 


Y el lance no se hizo esperar.

Después de una mañana revisando campo sin ver ningún trofeo interesante, decidimos que por la tarde realizaríamos una espera en un vallejo que tanto nos gustó en nuestra última visita y donde quedó un buen corzo que fallamos tanto Pedro como yo, y que tantas veces hemos recordado.

Quedó mi acompañante con nuestro guía y anfitrión en un bosque de pinos mientras yo tomaba posición en el otro extremo del valle, dando vistas a una esquina muy querenciosa y donde por la mañana ya habíamos visto algunos corzos.

Había que esperar tumbado para no estar demasiado expuesto. Además de ser una posición cómoda, es la que más me gusta para disparar, con la que tengo más confianza y me encuentro más seguro.

Al poco empiezan a aparecer corzos y corzas, hasta contabilizar 4 en un palmo de terreno. Lástima no haber tenido a mano un buen aparato de vídeo para haber grabado escenas con los cérvidos jugueteando.

Así transcurrió más de una hora, con los corzos a menos de 100 metros pero sin distinguir ninguno interesante. 

Eran ya las 21'10 h. y estaba a punto de regresar en busca de mis compañeros, cuando al realizar una última inspección de todo el terreno a mi alcance distingo un corzo de culo, sin ver aún si tenía buen trofeo. Estaba comiendo en la linde de los pinos y no elevaba la cabeza. Tras una corta espera la levanta y le veo una cuerna larga y completa. Era un bonito corzo y decido tirar. El medidor marca 269 metros, poca luz...no son unas condiciones muy favorables pero el bípode me da mucha confianza así que...tiro perfecto !!!





Pedro y Ángel se acercan a mi postura para ver el corzo; han tenido también un buen puñado de ellos en su punto de mira, pero ninguno era el ejemplar que buscaban. Precintamos el ejemplar y volvemos a casa para aviar el bicho y dejarlo al sereno.

Los dos días siguientes buscamos algún buen ejemplar para Pedro, pero no se presenta, por lo que tenemos una perfecta excusa para volver a aquellos pagos.

Ni que decir tiene que el lomo de corzo, preparado de una forma tan simple, estaba exquisito...y queda corzo para rato !!!!





viernes, 3 de febrero de 2017

Rececho anual en el coto social



Son ya muchos años los que llevo recechando monteses, más hembras que machos, porque la dificultad es similar ( a veces incluso más complicadas) y el precio mucho menor.
Siempre me invade una alegría especial cuando esta modalidad de caza la realizo en el coto social de mi pueblo. El año pasado tuve la fortuna de recechar un precioso macho; este año me ha correspondido una hembra, con cuya caza he disfrutado de nuevo de un bonito rececho acompañado de mi hermano de pólvora.


No ha sido un rececho especialmente duro físicamente, aunque si ha sido largo su desenlace, pues pasaron más de 3 horas desde que descubrimos nuestro objetivo hasta poder realizarle una buena entrada que nos colocó a escasos 20 metros.
Disparo perfecto, de arriba abajo, con cabra tumbada mostrando su dorso y que no se percató de nuestra presencia. 
Era una cabra bastante vieja, aunque sin gran desarrollo de la cuerna. Presentaba zonas del pelaje sospechosas de sarna, por lo que lo considero como un animal ideal para abatir.