lunes, 1 de mayo de 2017

Siempre estarás con nosotros.

El pasado día 26 de Abril nos dejó Kala, nuestro familiar canino. Una leucemia se la ha llevado muy rápido, sin apenas darnos tiempo a asimilar su pérdida.

A pesar de sus casi 12 años todavía gozaba de salud y fuerzas suficientes para estar una jornada acompañándonos a Álvaro y a mi persiguiendo patirrojas, la especie que más le gustaba cazar, junto con el zorzal.

En estos días tan tristes, he recordado junto a mis hijas tantos momentos inolvidables desde que desembarcó en nuestro hogar un 23 de diciembre de hace tantos años.
Venía desde Zamora, en un transportín demasiado pequeño para su comodidad. Llena de suciedad no encontramos ninguna peluquería canina que la adecentase un poco, por lo que de la mejor manera posible la aseamos en casa. Llegó por sorpresa y no teníamos nada preparado para alimentarla. Todo fueron prisas aquellas primeras horas, pero ya calaba en nuestros corazones por su quietud y mirada tan noble.



 Nos hizo pasar muy malos ratos, como cuando una infección por parvovirus casi se la lleva. O cuando una piometra estuvo a punto también de arrebatárnosla. Pero era fuerte y siempre sacaba fuerzas para continuar a nuestro lado...y cuanto se lo hemos agradecido.

Sin lugar a dudas ha sido un miembro más de nuestra familia. Incluso se ha hecho querer por personas que nunca han comprendido lo que significa tener un can en casa.
Siempre alegre y buscando la compañía de algún miembro del clan, nos ha hecho pasar momentos muy felices, no sólo en la caza que desde luego era su afición preferida, sino en el día a día. Nadar en la playa, jugar en el patio de casa, siempre dispuesta a darnos un poco de felicidad.

Nos ha sabido a poco tu estancia con nosotros...





 Gracias amigo Pedro por el gran regalo que nos hiciste. Todos la hemos querido como un miembro más, y todos lloramos su pérdida.

Allá arriba te encontrarás con muchos amigos, cazadores que también te han conocido, y a otros de tu especie que también formaron parte de mi familia. Todos cuidarán de ti.


domingo, 23 de abril de 2017

Regreso a Palencia

Descanso y caza es lo que buscábamos mi amigo Pedro y yo en estos escasos días en Palencia, después de tantas vicisitudes acontecidas en estos últimos meses, tanto familiares como laborales, y siempre echando de menos la otra pata de la mesa cuya compañía añoramos.

La experiencia anterior fue tan gratificante que habíamos planificado con bastante antelación el regreso a estas tierras que tantas alegrías nos han dado en estos últimos años. Viajar tanto a Burgos como a Palencia, como al norte en general, es una cita obligada todas las primaveras, y no sólo con la excusa de la caza, sino por tanta oferta de descanso, de cultura, culinaria...

Parada obligada ha sido este año en Olmedo, para degustar el lechazo tan exquisito del terreno...no me he resistido a subir una foto del ágape.




Después de 10 largas horas de camino llegamos a nuestro destino, Villorquite del Páramo, donde nuestro ya amigo Ángel nos había reservado la misma casa rural que nos alojó el pasado Julio y dónde tan cómodos nos encontramos.



 A la mañana siguiente comenzamos a explorar las zonas tan querenciosas que vimos en nuestra última visita. Me sorprendió ver un terreno tan seco y con tan escasas siembras de cereal, en contraposición al pasado año. Ha llovido poco y el campo lo nota; el verdor no era tan intenso y el polvo lo ocupaba todo...

Sin embargo desde el primer momento si que observamos mayor densidad de corzos, menos hembras que en la primavera pasada y más machos, aunque jóvenes y con trofeos incipientes, poco atractivos a pesar de tener la cuerna completa.

Las perspectivas eran halagüeñas y teníamos la certeza de poder cazar un buen trofeo.


 


Y el lance no se hizo esperar.

Después de una mañana revisando campo sin ver ningún trofeo interesante, decidimos que por la tarde realizaríamos una espera en un vallejo que tanto nos gustó en nuestra última visita y donde quedó un buen corzo que fallamos tanto Pedro como yo, y que tantas veces hemos recordado.

Quedó mi acompañante con nuestro guía y anfitrión en un bosque de pinos mientras yo tomaba posición en el otro extremo del valle, dando vistas a una esquina muy querenciosa y donde por la mañana ya habíamos visto algunos corzos.

Había que esperar tumbado para no estar demasiado expuesto. Además de ser una posición cómoda, es la que más me gusta para disparar, con la que tengo más confianza y me encuentro más seguro.

Al poco empiezan a aparecer corzos y corzas, hasta contabilizar 4 en un palmo de terreno. Lástima no haber tenido a mano un buen aparato de vídeo para haber grabado escenas con los cérvidos jugueteando.

Así transcurrió más de una hora, con los corzos a menos de 100 metros pero sin distinguir ninguno interesante. 

Eran ya las 21'10 h. y estaba a punto de regresar en busca de mis compañeros, cuando al realizar una última inspección de todo el terreno a mi alcance distingo un corzo de culo, sin ver aún si tenía buen trofeo. Estaba comiendo en la linde de los pinos y no elevaba la cabeza. Tras una corta espera la levanta y le veo una cuerna larga y completa. Era un bonito corzo y decido tirar. El medidor marca 269 metros, poca luz...no son unas condiciones muy favorables pero el bípode me da mucha confianza así que...tiro perfecto !!!





Pedro y Ángel se acercan a mi postura para ver el corzo; han tenido también un buen puñado de ellos en su punto de mira, pero ninguno era el ejemplar que buscaban. Precintamos el ejemplar y volvemos a casa para aviar el bicho y dejarlo al sereno.

Los dos días siguientes buscamos algún buen ejemplar para Pedro, pero no se presenta, por lo que tenemos una perfecta excusa para volver a aquellos pagos.

Ni que decir tiene que el lomo de corzo, preparado de una forma tan simple, estaba exquisito...y queda corzo para rato !!!!





viernes, 3 de febrero de 2017

Rececho anual en el coto social



Son ya muchos años los que llevo recechando monteses, más hembras que machos, porque la dificultad es similar ( a veces incluso más complicadas) y el precio mucho menor.
Siempre me invade una alegría especial cuando esta modalidad de caza la realizo en el coto social de mi pueblo. El año pasado tuve la fortuna de recechar un precioso macho; este año me ha correspondido una hembra, con cuya caza he disfrutado de nuevo de un bonito rececho acompañado de mi hermano de pólvora.


No ha sido un rececho especialmente duro físicamente, aunque si ha sido largo su desenlace, pues pasaron más de 3 horas desde que descubrimos nuestro objetivo hasta poder realizarle una buena entrada que nos colocó a escasos 20 metros.
Disparo perfecto, de arriba abajo, con cabra tumbada mostrando su dorso y que no se percató de nuestra presencia. 
Era una cabra bastante vieja, aunque sin gran desarrollo de la cuerna. Presentaba zonas del pelaje sospechosas de sarna, por lo que lo considero como un animal ideal para abatir.